jueves, 5 de junio de 2025

 

     


Palabras, solo palabras

Mariposas amarillas, palometas que revolotean alrededor de las farolas en las calles calurosas. Presagio de desgracias, anuncian un amor imposible, como el de Meme y Mauricio Babilonia. No lo dudo, hay pasión por estas tierras tropicales, y por qué no decirlo, por ello mismo, caóticas, pero, sus querencias, tóxicas, ahogan. Sangre hecha culpa. Sangre que persigue insistentemente.

     Rosales resecos, flores pálidas, que, vestidas con los colores de la muerte, recubren calles, avenidas, veredas, rúas, y en los pies calzados con chancletas, el polvo recubre ampollas, heridas de un camino azaroso, de un sendero empedrado con esas intenciones que, bienintencionadas, de todos modos, nos lleva al tártaro.

     Sentado en un café, bebiendo, fumando, miro a la gente recorrer las aceras. Son bachacos, eco de su cotidianidad exasperante. Las náuseas me empachan las tripas. Endulzo la galaxia en el pocillo de peltre, mitigo su sabor acre, ácido, áspero, cargado de culpas, de resentimientos, y el deseo de vomitar se hace recurrente, terco. Veo las vallas, los rostros sonrientes de demonches, de sátrapas, de vendedores de pócimas y menjunjes milagrosos, y en mis vísceras, la ira se apelmaza con una tristeza insondable. Las náuseas, la cólera.

     La melancolía se hace adagio. Violines y violas, cornos y otros vientos y cuerdas; y el recuerdo de otras épocas, imagen borrosa en la borrasca. Una foto fuera de foco. Solo hay ruido, gritería vulgar, estridencia que acalla la sinfonía. Un murmullo molesto colma los espacios, como un vaho insoportable, irrespirable.  

     Cauce enfurecido, arrastra piedras, palos, cadáveres insepultos y escombros. Lodo y muerte, sangre amelcochada y moscas zumbonas arrasan con todo lo que en su carrera desenfrenada se cruce. Solo queda el colapso y su hijo, el caos. Dolor, llanto, lluvia incesante, aguacero que no consigue lavar el vómito, el hedor, la peste.

     Y lo más triste, en el cielo gris, argamasa que recubre el sepulcro, no se avistan palomas blancas. Sin laureles, sin rosas amarillas, solo nardos, mustios, con su olor a sepulcro. Más que luces, son ellos mesnadas dogmáticas, falanges obstinadas. La noche se nos hace eterna.